Crónicas de Aüria · Libro I
El códice viviente de un mundo sostenido por doce guardianes.
por Mariana Vael · Códice Esencial
La historia
Durante doce Eras, el mundo de Aüria se ha sostenido sobre un pacto silencioso: doce clases de criaturas ancestrales —los Custodios— guardan cada una un hilo de la realidad. El cielo y las montañas, los ríos y la ceniza, la memoria y el olvido; nada se sostiene por sí solo.
Entre el mundo de los vivos y el de lo olvidado se tiende el Velo. Mientras resista, los recuerdos permanecen. Pero el Velo ha empezado a deshilacharse: aldeas enteras amanecen sin recordar su nombre, y el Canto de los Auroris —el que marca el fin de cada Era— se acerca antes de tiempo.
Núa, una joven lectora de huellas capaz de oír la memoria de las cosas, descubre que es la primera persona en generaciones que puede llamar a los Custodios. Para remendar el Velo deberá encontrarlos a los doce y aprender el secreto que cada uno guarda… incluso el de los Vélaris, que protegen aquello que el mundo decidió no volver a mirar.
Quién habita Aüria
Lectora de huellas
Joven capaz de oír la memoria de los objetos y lugares. La primera en generaciones que puede llamar a los Custodios.
El último guardián humano
Anciano que caminó junto a los Custodios en su juventud. Guía a Núa y carga una culpa que no se atreve a nombrar.
Umbral de Núa
Un Custodio entre mundos que eligió a Núa como su única compañera. Camina en la luz y en la sombra a su lado.
El Olvidante
Quiere rasgar el Velo para que el mundo olvide su dolor… y su culpa. No se cree un villano, y eso lo hace temible.
La tierra de la historia

Mapa de los Dominios de Aüria · los reinos de los Custodios
El bestiario
Doce criaturas, doce hilos del mundo. Cada una puede ser el punto de partida de su propia historia.

Seres ancestrales de los cielos y las montañas. Guardianes del equilibrio entre los mundos.

Criaturas errantes que navegan los mares del cielo. Conectan tierras lejanas y portan historias olvidadas.

Espíritus del bosque que encarnan la memoria de la tierra. Aparecen solo ante corazones puros.

Custodias de ríos, lagos y mares. Conocen los secretos de lo que se pierde y lo que regresa.

Compañeros entre mundos. Pueden caminar en la luz y en la sombra.

Seres de luz que tejen los sueños y las emociones. Su brillo cambia según la esperanza del mundo.

Pequeños guardianes de lo cotidiano. Protegen las semillas, los hogares y los nuevos comienzos.

Felinos alados que vigilan desde las alturas. Rápidos, sabios y leales.

Caballos de agua que guían a los viajeros entre corrientes. Saben las rutas que otros han olvidado.

Renacen del fuego y anuncian los ciclos. Su canto marca el inicio de una nueva era.

Nacidos de la tierra viva. Dan forma a montañas, protegen valles y recuerdan lo que el tiempo intenta borrar.

Seres de la penumbra que se alimentan de recuerdos. No son enemigos, solo guardianes de lo que debe mantenerse oculto.
Las palabras del mundo